
Existen mentes que no se pueden explicar, solo se pueden habitar. Llega a la CDMX, Leonora Carrington: Laberinto Mágico, una invitación a recorrer el universo de la mujer que redefinió el surrealismo y lo convirtió en una herramienta de resistencia. A través de una experiencia sensorial sin precedentes, nos adentramos en la visión de una de las voces femeninas más poderosas e incomprendidas, cuya capacidad para transformar el dolor en magia hoy nos convoca en un viaje inolvidable.
Para hablar sobre Leonora Carrington, debemos comenzar aclarando que, aunque fue una artista mundialmente reconocida por sus pinturas, fue en realidad una creadora multidisciplinaria y una alquimista de una manera especial, exploró con maestría la escultura y la escritura. Leonora fue una visionaria que no solo desafió los límites entre el surrealismo y la realidad, sino que fue capaz de cuestionar los convencionalismos dentro del mismo movimiento, transformando la locura, el sufrimiento y los dolores más mundanos en pura magia.

En su obra, el lienzo se convierte en un caldero donde se mezclan la mitología celta, el tarot y la cábala , encontrando la belleza en lo extraño y resignificando “lo raro” para demostrarnos que lo diferente es, en esencia, especial, auténtico y refrescante. Sus piezas, cargadas de un simbolismo profundo, nos muestran a una mujer inteligente, rebelde y dotada de una fuerza inquebrantable que desafió todos los estándares impuestos sobre ella; con su trabajo no solo creó un mundo, sino sus propias reglas, demostrando a través de una historia de vida impactante, que, siempre se puede revolucionar desde el espíritu.
Esta lucha constante marcó su existencia desde su infancia en Inglaterra , donde creció en el seno de una familia de clase alta tratando de cumplir con expectativas ajenas. Su viaje, marcado por la adversidad, desde el exilio europeo tras el arresto de Max Ernst hasta el refugio definitivo en México, donde su trayectoria se convirtió en el testimonio de alguien que tuvo que ” perderse para encontrarse“. Esta premisa es la que hoy nos recibe en el Laberinto Mágico, una exposición inmersiva de relevancia internacional situada en el Centro de las Artes Inmersivas (CAI).

Estar dentro de estas instalaciones en la emblemática casona de General Prim #90, un recinto que ha funcionado como oficina tabacalera, almacén de vidrio y hasta set de filmación, lo que lo convierte en el lugar perfecto para esta experiencia siendo “un lugar con muchas vidas”, no es solo habitar la mente de Leonora, es enfrentarse a lo desconocido. El lugar se despliega como una mezcla poderosa de sensaciones y sentimientos; un espacio diseñado no solo para observar, sino para sentir, explorar y convivir. Aquí, las diferentes texturas en los suelos activan nuestros sentidos y nos ponen en alerta: nada es lo que parece. La iluminación juega un papel crucial, ofreciendo matices distintos de una misma pieza, recordándonos que el ser humano no es blanco o negro, sino una fusión de rostros y etapas.

El recorrido es un recordatorio de la experiencia humana total, algunas salas son frías y otras cálidas, reflejando que en este plano conviven tanto los sueños como las pesadillas. Entre aromas, texturas y cambios de temperatura, la exposición nos confronta con lo pequeños que podemos sentirnos y, al mismo tiempo, lo conectados que estamos con el universo. Reconocer lo místico, lo fantástico y lo atemorizante que habita en nosotros no es tarea fácil, pero es un ejercicio necesario para construir nuestra identidad.

Este proyecto, además, cobra una dimensión social profunda al conectar con iniciativas como Mi Valedor, recordándonos que el arte tiene el poder de integrar lo marginado y transformar la exclusión en pertenencias. Fomentar estos espacios es vital para reclamar las voces femeninas y validar su visión del mundo. El Laberinto Mágico, impulsado por Fermín Llamazares y la Fundación Leonora Carrington , nos invita finalmente a imaginar: ¿Cómo transformar lo imaginario en lo tangible?.

La Fundación no solo presta las obras, sino que se asegura de que el recorrido mantenga la “espiritualidad” de Leonora, es importante mencionar que mucho de lo que vemos en la exposición proviene del acervo personal que Pablo Weisz , hijo de Leonora, quien resguardó algunas de las obras durante años en la casa de la artista. No son piezas de un museo lejano, sino objetos que formaban parte de la vida cotidiana de Leonora.
Si te sientes listo para descubrir si es posible encontrar la belleza incluso en nuestras pesadillas y habitar las posibilidades de lo extraño, deberías dar clic aquí para conocer todos los detalles. Después de todo, los sueños no son más que una extensión de la realidad, y el viaje para encontrarte apenas comienza.
¿Estamos realmente listos para enfrentarnos a las posibilidades de habitar lo extraño de nuestras mentes?
Giovana Rodríguez Carlón es estudiante de Humanidades y Narrativas Multimedia en la Universidad Nacional Rosario Castellanos, enfocada en la creación y gestión de proyectos culturales. Apostando por narrativas que incomodan y formatos multimedia que impactan, cuestionan y generan nuevas formas de diálogo.
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