
En esta breve reflexión, Pablo Duarte nos habla sobre esa otra parte tan importante que conforma un partido de futbol: la afición; aquellos que acompañan a voz en cuello y con todas las emociones al límite a su equipo en cada partido.
Quizá el primero fue el que no alcanzó lugar en el equipo: el espectador original habrá sido un jugador que quiso pero no fue. Bajo ese signo estamos todos los que vemos el futbol, deleitados y revueltos en la banda. Una banda que se extiende desde la línea de cal hasta la última butaca, el último banco de la barra, el descansabrazos del último sillón de la sala. Tan amplio ese terreno que cabemos todos —hinchas, aficionados, advenedizos, ocasionales, desentendidos, renuentes y contrariados—.
Y esta congregación de individuos en grado diverso de infatuación con la pelota, de pronto, celebra en sincronía un gol.
Si es nuestro, ese gol, algo se quiebra. Perdemos la modestia que nos hace buenos vecinos y nos volvemos puro grito. Creemos, fantaseamos, anticipamos que vendrán otros –goles y triunfos–, que campeonaremos porque es ya inevitable. Ondeamos banderas, escalamos estatuas y jerarquías, porque sabemos que como aficionados coaccionamos a gritos al azar. Desde nuestro sitio torcemos la mano del destino hasta obligarla a que nos cumpla con el trofeo que creemos merecer. Resulta, sin embargo, que el azar es gambetero y es muy difícil sujetarle siquiera la playera. Se escapa y nos regresa al infortunio.
Ese es el entrenamiento al que hemos concurrido sin falta una o dos veces por semana. En el graderío, en las cantinas o en la habitación, aprendimos la rara majestad de la desdicha. Seremos algún día campeones del mundo como adultos, nos decimos; veremos al Tri alzar quilates y temores, algún día, pero no hoy. Por lo pronto, regresamos a nuestro puesto en la banda, a jugar a eso que, por no ser de los once uniformados, somos.
Traductor y editor. Participó en la antología Breve historia del ya merito que editó Sexto Piso y publicó el libro de ilustraciones El internet de las cosas con el ccd.
Mi Valedor es una organización no gubernamental y sin fines de lucro. Nuestras actividades son posibles gracias a los donativos y al generoso apoyo de personas como tú.
Haz un donativo aquíDespués de una residencia artística que reunió a ocho artistas alrededor de un mismo punto de partida, Alejandra Topete Gallery presenta los trabajos desarrollados durante este periodo en una exposición inaugurada el Martes 25 de Agosto, con entrada libre.
Julio se vivió en comunidad y con experiencias chidas. Entre talleres, encuentros, recorridos y mucha chamba, seguimos haciendo de Mi Valedor un espacio bien chingón para crear, compartir y abrir nuevas posibilidades para toda la bandita valedora. Te contamos lo que pasó durante el mes y todo lo que construimos junto a las y los […]
Hay eventos que no solo exhiben arte, sino que construyen comunidad. El pasado domingo el 9 de agosto, la juventud del sur de la ciudad tomó la Casa de la Cultura del Bosque de Tlalpan para celebrar la inauguración de la exposición colectiva: Derivas de la Periferia, demostrando su talento a través de la fotografía, la pintura, la serigrafía y la música.