
Quienes estén familiarizados con los periódicos callejeros –las personas que los compran, leen, elaboran y los apoyan– saben de lo que trata una publicación de este tipo: son una solución emprendedora a la pobreza, una fuente de ingresos sostenible para quienes no pueden encontrar un trabajo, una herramienta de empoderamiento para los vulnerables y marginados dentro de la sociedad.
Pero son las personas que venden estas revistas y periódicos –en las calles, afuera de las tiendas, en las estaciones de tren, en las intersecciones concurridas– quienes saben lo que realmente significa un periódico callejero y lo que representa.
La Red Internacional de Periódicos Callejeros preguntó a estas personas –denominadas de distintas formas: salespeople, valedores, spokeperson for Culture, camelots, verkäuferinnen– qué significaban estos periódicos y revistas para ellos personalmente. Las respuestas fueron variadas y procedían de un amplio espacio geográfico, lo que destaca la diversidad de personas y formas de pensar de esta red. En esta tercera publicación compartimos la opinión de personas desde Macedonia del Norte hasta Canadá.
“¡Para mí, los periódicos callejeros significan mucho mas que un trabajo al que tengo que ir! Significan inspiración – me gusta el rap y el hip-hop y, mientras estoy en las calles, me inspira a escribir las mis canciones. La comunicación que tengo con diferentes personas es muy importante – me da un sentido de pertenencia. ¡Eso me motiva!”

Memet Kamber vende Lice v Lice en Macedonia del Norte. Fotografía: Cortesía de Lice v Lice
“El periódico callejero me relaja. Me gusta venderlo y soy bueno para ello, aparte de que me calma me hace feliz. Me he acostumbrado a recibir palabras de aliento y críticas.”

Nenad Srbinovski, 30 años, vende Liceulice en Belgrado, Serbia. Fotografía: Sara Ristic
“Para mí, L’itinéaire es pertenencia. Siento que soy parte de un gran equipo. El estar rodeados de gente que apoya y nos beneficie, nos libre del aislamiento, hablar con la gente, tener un espacio para comunicarnos y en especial cuando podemos escribir para la revista. Nos permite generar un ingreso adicional con un horario flexible. Además, los periódicos callejeros generan conciencia en torno a la realidad que viven las personas en situación de calle y pobreza. L’itinéaire me hay ayudado mucho: En ocasión llevo bolsas de mandado de Moisson Montreal, un banco de alimentos que colabora con nuestra organización. El voluntariado es muy bueno para escuchar. Me han ayudado tras el reciente fallecimiento de mi madre. Es bueno tener a gente alrededor que no me juzga y me respeta por quien soy.”

Agathe Melançon, 51 años, vende L’itinéaire en Montreal, Quebec, Canadá. Fotografía: Cortesía de L’itinéaire
“Los periódicos callejeros –en especial Megaphone– cultivan la curiosidad sobre qué esta pasando en tu propia comunidad. El enfoque está en los logros, avances e historias de la comunidad. Vender Megaphone me ha dado una perspectiva distinta. También me ha convertido en una persona más extrovertida. Son las interacciones con mis clientes, algunos que ni recuerdo sus nombres, ni siquiera los recurrentes, quienes hacen que vender la revista valga la pena. Ellos son quienes verdaderamente me apoyan a salir adelante en los tiempos difíciles. Ha sido para mí una luz en la oscuridad. Se convierte en algo más que conseguir dinero, es una oportunidad de conectar con la comunidad.”

Mark Irvine, 70 años, vende Megaphone en Vancouver, Canadá. Fotografía: Cortesía de Megaphone
“El periódico callejero significa mucho para mí. Yo tuve un accidente. Un automóvil se estrelló contra mí, estuve en coma y tengo que vivir con las consecuencias por el resto de mi vida. Me siento mareado y no puedo realizar trabajo pesado, por ello, estoy sumamente agradecido que puedo vender Nový Prostor. Si no existiera, no podría generar ingresos para vivir.”

Martin vende Nový Prostor en Praga, República Checa. Fotografía: Michal Zeman
“El periódico callejero salvo mi vida. No es una exageración. Fue mi puerta de salida, me ayudó a salir de la situación catastrófica en la que me encontraba siendo vagabundo. Me ha proporcionado un trabajo, dignidad y varios amigos.”

José Fernandes Junior, 54 años, vende Ocas” en Sao Paulo, Brasil. Fotografía: Luisa Santosa
“Ocas” cambio mi vida. Ha sido fundamental para mi desde 2004. Entró a mi vida en un periodo oscuro, cuando vivía en las calles. Viví por 11 meses en esa situación. Pero al vender la revista, fui capaz de cambiar mi vida con el dinero que generaba, pude pagar una estancia y comida. Regresé a ser un hombre normal. Me permitió estudiar, aprender inglés y convertirme en un escritor con publicaciones. Seguiré siendo parte del proyecto de Ocas” por el resto de mi vida y mientras la revista siga operando.

Claudo Bongiovani Azevedo, 71 años, vende Ocas” en Sao Paulo, Brasil. Fotografía: Luisa Santosa
“El periódico callejero es mi ganha pão, una expresión brasileña que significa ‘con este trabajo, yo puedo vivir’.”

Roberto Francisco dos Santos, 54 años, vende Ocas” en Sao Paulo, Brasil. Fotografía: Luisa Santosa
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