
Jorge “El Colo” Omar de Mendonca Gaziba estudiaba en la universidad cuando una enfermedad le
impidió continuar. La empresa donde trabajaba se fue del país y tuvo que vivir en situación de calle.
Sin familia y con un futuro incierto, un día se cruzó con Patricia Merkin y la revista callejera Hecho en
Buenos Aires (HBA), y cambió su vida para siempre. Hace 20 años que es vendedor de la revista en
Argentina y hoy, en sus tiempos libres, pinta paisajes en perspectiva. El Colo: el de la palabra precisa
y la mirada imperfecta.
Si bien habla mucho, Jorge es de pocas palabras. Contradicción pisciana que inmediatamente la
rebate cuando entra en confianza. “A vos te veo doble”, le sonríe cómplice al cronista, con esa
mirada que deja entreverse tras las enormes gafas que usa debido al glaucoma, enfermedad que le
arrebató la posibilidad de continuar el tercer año de la carrera de arquitectura, y además lo obliga a
depender de unas gotas para bajar la presión ocular.
El Colo era “clarkista” en Lanús. Manejaba un autoelevador en una empresa hasta que esta se fue
del país en 1997 y dejó a muchos en la calle. “Si me hubieran dado indemnización, no tendría que
haber estado en situación de calle”, se lamenta.
Aunque ahora Jorge asegura que no cambió y sigue siendo el mismo, que la situación de calle “ya es
un tema superado” y que no le interesa “volver para atrás”, se quebró y no pudo siquiera
pronunciar que estuvo tres años durmiendo en la calle, hasta que Patricia Merkin lo encontró y le
tendió una mano.
“Se lo dije varias veces. Gracias a ella, que era una amiga y que me dio un laburo, yo pude
abandonar la calle. Siempre se lo agradecí en vida”. El Colo recuerda con cariño a la fundadora de
HBA, que falleció hace algunos meses, y remarca: “Hay que ser consciente que tener un laburo en la
mano vale mucho”.
Jorge plantea que la revista ayuda a mejorar la calidad de vida y a salir de situaciones como en las
que se encontraba él y otros vendedores. “Eso es lo bueno que tiene HBA, está hecha con ese
propósito: ahora puedo elegir lo que quiero comer”. El Colo también rescata la importancia sobre el
rol social de la revista y compara cuando antes no podía porque “tenía que hacer fila para comer”.
Reservado para hablar del pasado y cauteloso cuando imagina el futuro, Jorge es uno de los
vendedores más antiguos de HBA. Aclara que está abierto al diálogo, siempre con respeto; pero no
anda con vueltas y dispara: “Hay tres temas que no quiero tocar. Política, fútbol y religión; son
problemas de discusión”, cierra con un verso.
Aunque El Colo acepta que tiene errores, “como todo el mundo”, y que no es “perfecto”, todos los
días trata de ser mejor, no para superar a los demás, sino a él mismo. “No quiero sentirme un gran
hombre y despreciar a otro. Sino mejorar para mí, sin discriminar a nadie, porque somos todos
iguales”, completa.
Jorge vive desde hace 15 años en Parque Patricios, en Buenos Aires, no tiene familia, y reconoce que
nunca le interesó formar pareja. “Por ahora que no me falte morfi en la mesa”, aclara, sin hacerse
muchos problemas por las relaciones sociales, ni personales.
Son temas que no habla con nadie, confiesa, pero El Templo, una obra sobre un templo judío que
pintó en el taller de arte y que le vendió a una “extranjera”, es una de sus debilidades. “Tengo estilo
propio. No me copio de nadie”, advierte, pero reconoce que, si no fuera gracias a Américo, el profe
que le enseña todos los miércoles y sábados en la sede de HBA, hoy no podría hacer nada porque
“no sabía ni agarrar un lápiz para dibujar”.
Escéptico sobre el futuro, El Colo tiene ganas de jubilarse (le falta un año) para tener unos
“manguitos” extra, pero avisa: “Nunca hacer planes. Eso de armar castillos sobre el aire, como
decía mi abuelo, se derrumba. Y tenía razón. Hay que ir a lo concreto”.
Lo concreto es que Jorge no piensa retirarse para descansar porque va a seguir vendiendo HBA.
“Esto no lo dejo ni loco”.
El Colo es el vendedor número 1473 y lo encontrarás en el Centro Cultural de la Cooperación, la
Facultad de Medicina, Plaza Belgrano y Palermo Sur.
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