
¿Puede una fotografía ser la prueba de nuestra existencia? Esta pregunta, tan simple como inquietante, es el punto de partida de Frente a la cámara: Aproximaciones al retrato fotográfico, la nueva exposición del Centro de la Imagen. La muestra nos invita a reflexionar sobre el retrato como espejo, documento y memoria colectiva.
Desde tiempos antiguos, el ser humano ha buscado fijar su imagen para resistir el paso del tiempo. Antes de la fotografía, el retrato pictórico era un privilegio reservado a las élites. Solo las familias adineradas podían pagar por un lienzo que perpetuara su rostro y apellido. Con la llegada de la cámara, ese gesto se transformó: lo que antes era símbolo de poder se convirtió en un objeto al alcance de todos. El retrato pasó de los palacios a las calles, de los grandes salones al álbum familiar.
Esta democratización cambió para siempre nuestra relación con la memoria. Una foto de infancia, un retrato escolar o una instantánea con amigos se volvieron tesoros que resguardan lo cotidiano. La exposición del Centro de la Imagen recupera esta transición y la despliega como un mosaico de rostros que nos miran desde distintos tiempos y lugares.

Caminar por los pasillos de Frente a la cámara es recorrer la historia de nuestra necesidad por reconocernos en una imagen. Retratos en sepia, fotografías a color, impresiones familiares y escenas cotidianas se entrelazan con técnicas que expanden las posibilidades del medio: fotoescultura, visores de diapositivas y otras prácticas que recuerdan que la fotografía no solo guarda, también reinventa.

En ese recorrido aparecen miradas icónicas y diversas: desde la sensibilidad social de Tina Modotti, la experimentación visual de Ricardo Sanguinetti, la poesía cotidiana de Lola Álvarez Bravo hasta la contundencia de los retratos contemporáneos de Rogelio Cuéllar. Sus obras dialogan con imágenes anónimas y familiares, creando un puente entre la fotografía artística y aquella que habita en los álbumes personales, recordándonos que el retrato es, al mismo tiempo, memoria íntima y patrimonio colectivo.

Niños y niñas posando frente a un lente, familias abrazadas, adultos acompañados de sus perros, gobernantes que miran con solemnidad, comunidades enteras que habitan en la superficie del papel es lo que vemos en cada imagen de esta exposición y resuena como una historia detenida en el tiempo, como una pregunta sobre quiénes fuimos y quiénes seguimos siendo. El retrato, no solo documenta, también construye identidad. Cada foto es una afirmación de existencia, una manera de decir “estuve aquí”.
En una época saturada de imágenes como las selfies, redes sociales, fotografías digitales que caben en la palma de la mano; el retrato fotográfico no ha perdido fuerza, al contrario, su valor simbólico se resignifica. La exposición del Centro de la Imagen nos recuerda que más allá del consumo inmediato, cada retrato es parte de una memoria común que merece resguardarse.

El acervo propone ver el retrato como un derecho de registro en vida: una forma de existencia que nos vincula con el pasado y, al mismo tiempo, nos proyecta hacia el futuro. Si cada foto contiene una historia, esta exposición funciona como un archivo abierto de humanidad.
Frente a la cámara no es solo una exposición de fotografías; es un espejo colectivo. Nos recuerda que, en cada imagen, late un deseo de permanencia. Que retratarse es afirmar la vida frente al olvido. La pregunta inicial por el retrato fotográfico como prueba de existencia queda abierta, pero la muestra ofrece una certeza: el retrato no solo registra lo que somos, también nos invita a pensarnos como parte de un relato más amplio.

El Centro de la Imagen, que es punto de venta de las y los valedores en todas sus exposiciones, abre sus puertas a este recorrido visual y emotivo hasta febrero del 2026. Una oportunidad para detenerse frente a las fotografías y descubrir que, en cada rostro, hay una memoria que nos pertenece a todas y todos.
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y egresado de la especialidad en Guion de la Facultad de Cine. Ha dirigido videoclips, colaborado en cortometrajes. Su trabajo se enfoca en crear contenido y realizar proyectos donde el arte, la cultura y el cine se conectan para comunicar ideas con sentido, motivado por contar historias que inviten a sentir, reflexionar y reconocer lo humano en lo cotidiano.
Por cuarto año consecutivo, Mi Valedor celebra el cierre de un año más de actividades, con el ya tradicional Bazar Cultural Navideño, en la Fundación Elena Poniatowska Amor.
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