
A las 18:00 horas, durante la inaguración en Bellas Artes, Mi Valedor estuvo ahí para recorrer la exposición de Geles Cabrera: partituras corporales, y ser testigo del diálogo entre Paula Cortázar, Madeline Jiménez y Manuela García, quienes reflexionaron sobre su trabajo y la materia como lenguaje compartido.
Hablar de Geles Cabrera es hablar de una figura clave y durante mucho tiempo invisibilizada del arte moderno mexicano. Nacida en 1929, fue una de las primeras mujeres escultoras en México en desarrollar una obra profesional en un campo históricamente dominado por hombres. Su trabajo no solo amplió los lenguajes de la escultura, sino que también cuestionó las formas tradicionales de representar el cuerpo, el movimiento y el espacio. En un contexto artístico donde las mujeres solían ocupar el lugar de musas o figuras secundarias, Cabrera asumió un rol activo como creadora, experimentando con materiales, volúmenes y líneas que dialogan con la abstracción y el modernismo. Su obra se caracteriza por un interés constante en el movimiento corporal, la síntesis de la forma y la relación entre la escultura y el entorno.
“Fotografia tomada de medium.com”
Entrar a la exposición curada por Joshua Sánchez es recorrer no solo la trayectoria de Geles Cabrera, sino también una conversación silenciosa entre la piedra, el cuerpo y el territorio. La muestra está dividida en cuatro salas, cada una funcionando como un momento distinto de ese diálogo. Durante la inauguración, Paula Cortázar mencionó la afinidad que sentía con la manera en que Geles se expresa a través de los materiales, señalando que la piedra tiene una esencia que la artista no intenta dominar, sino acompañar. A esta conversación se sumaron Madeline Jiménez y Manuela García, quienes reflexionaron sobre su propio trabajo escultórico y el diálogo que este establece con la obra de Cabrera, desde la materia, el proceso y la relación con el cuerpo.
Fotografía tomada por Dennys Martz
Que esta presentación tenga lugar en el Palacio de Bellas Artes refuerza su carga simbólica. Bellas Artes ha sido históricamente un espacio de legitimación cultural, donde se decide qué obras, cuerpos y discursos merecen visibilidad. Presentar ahí el catálogo de Geles Cabrera implica reconocer su lugar dentro del canon artístico nacional y abrir la discusión sobre la presencia de las mujeres en los grandes relatos culturales de México. La presentación del catálogo de la muestra no es un gesto menor. En el campo del arte, los catálogos funcionan como dispositivos de memoria: fijan la obra en el tiempo, la vuelven accesible y la integran a la historia oficial del arte. Publicar un catálogo hoy implica, necesariamente, una revisión crítica del pasado. En este sentido, el catálogo opera como un acto de reparación simbólica, al recuperar y difundir la obra de una artista cuya aportación fue fundamental, pero no siempre reconocida en su momento.

Fotografía tomada por Dennys Martz
La primera sala reúne algunas de las obras más tempranas de Cabrera. Ahí aparecen piezas realizadas en acrílico, materiales que permiten ver una etapa inicial, más experimental, donde la forma todavía está buscando su peso. Son obras que contrastan con lo que vendrá después, pero que resultan clave para entender el tránsito de la artista hacia la materia que definirá su trabajo.

Fotografía tomada por Dennys Martz
En las siguientes salas, la presencia de la piedra volcánica se vuelve central. No es un material cualquiera: su origen está en la propia Ciudad de México, lo que carga a las piezas de una dimensión territorial inevitable. La piedra no solo sostiene la forma, también habla del lugar del que proviene, de su historia geológica y de su relación con la ciudad. En ese sentido, la obra de Geles Cabrera parece insistir en que la materia no es neutra: tiene memoria y peso propios.
Fotografía tomada por Dennys Martz
Aunque el discurso curatorial no se centra explícitamente en el género, resulta imposible no notar su presencia. En la última sala aparecen los trabajos de Paula Cortázar, Madeline Jiménez y Manuela García, que dialogan con la obra de Cabrera a través del uso de Geles, estableciendo un contrapunto material y simbólico. Su inclusión no se presenta como un gesto forzado, sino como una extensión natural del lenguaje plástico que atraviesa la muestra.
Fotografía tomada por Dennys Martz
Fotografía tomada por Dennys Martz
La exposición propone mirar la escultura no solo como forma terminada, sino como proceso: uno que involucra territorio, materia y cuerpos que históricamente no siempre han ocupado el centro del relato artístico. Sin enunciarlo de manera directa, la muestra abre un espacio donde la presencia femenina, la materialidad y el origen se entrelazan con naturalidad, recordándonos que el arte también se construye desde lo que persiste y resiste en silencio.
Para Mi Valedor, es un placer asistir a la inaguración de esta exposición, porque no solo revisita la obra de una escultora fundamental, sino que pone en circulación preguntas necesarias sobre cómo se construye la memoria artística en México. Desde la materia, el territorio y las voces que dialogan con ella, la muestra de Geles Cabrera recuerda que el canon no es fijo: se reescribe cada vez que una obra vuelve a ocupar el espacio que históricamente le fue negado.
Para conocer más sobre la exposición Aquí
Estudiante de la UACM: licenciatura comunicación y cultura.
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