La violencia económica también mata

05/04/2021
Por Sofía Morfín

En Latinoamérica, la brecha laboral está lejos de ser el eje rector de la lucha feminista, pero no podemos ignorar que la violencia económica es un medio facilitador para la violencia física y psicológica. 

En el marco del 8 de marzo, dentro de la infinidad de diálogos que se abrieron tanto en la esfera íntima como en la masividad de las redes, el tema de la brecha salarial se relegó a un segundo plano; fuimos muchas las que dijimos: “Ojalá algún día marchemos por eso”. Claro. La lucha hoy en México y Latinoamérica es de vida o muerte: feminicidios, desaparecidas y una violencia sexual que se despliega en el hogar, en las instituciones, en los medios y de una manera sistematizada a través de la trata de personas, red criminal que ya parece avalada por el Estado.

Y, aunque coincido en que la equidad de oportunidades laborales es menos urgente, me cuestiono el peso de la precariedad económica en la incidencia de la violencia física. Si consideramos que 2 de cada 3 feminicidios son cometidos por la pareja o expareja íntima de las víctimas ¿Cuántas de haber gozado de una independencia económica hubieran podido alejarse de situaciones peligrosas?, ¿Cuántas que no pudieron hacerlo a tiempo? Es crucial que las mujeres tengan la posibilidad de alejarse de su agresor el día que necesiten hacerlo sin temer por su sustento financiero o el de sus hijos. 

Un estudio de Fundación Adecco (2018) sobre la relación entre el desempleo femenino y la violencia doméstica arrojó que en España 81% de las mujeres víctimas de violencia de género se encuentran desempleadas o en economía informal y el 71% de ellas señala la precariedad como principal freno para denunciar. Otro estudio de 2015 en Inglaterra y Gales concluye a través de la correlación de datos que el desempleo de la mujer incrementa la incidencia de violencia de género ya que genera en los agresores una ilusión de control absoluto (económico y psicológico) sobre sus parejas

Y cuando miramos que las cifras de desempleo femenino y las denuncias por violencia doméstica en México no han dejado de aumentar desde marzo del 2020, cuando inició la contingencia sanitaria por Covid-19, es el momento de empujar la agenda hacia exigir políticas públicas que protejan con mayor ímpetu el trabajo y las oportunidades de las mujeres, porque de ello también puede depender su seguridad. Los números son devastadores: incremento de 60 a 160 llamadas en promedio diarias denunciando actitudes violentas de la pareja, incremento de 24.5% de reportes de violencia doméstica contra el año anterior, récord de feminicidios en el 2020… y un decrecimiento de 10% de la participación de las mujeres en el mercado en México

La participación femenina en el mercado bajó debido a que hay más mujeres en el sector informal y en trabajos no esenciales; y a que la sobrecarga de labores de cuidado no remunerados con los niños en casa empujó a cientos de mujeres a abandonar su trabajo. Conforme se prolongue la crisis sanitaria y las mujeres continúen sin volver a la oficina, sus probabilidades de no poder hacerlo o de tener que aceptar puestos peor pagados incrementa drásticamente.

Si admitimos una correlación entre la dependencia económica y la violencia, entonces el tema de la brecha laboral y el empleo formal se vuelven también asuntos de vida o muerte. En Latinoamérica y el Caribe las mujeres han resentido más el desempleo pandémico 28% más que los hombres para ser precisos y yo no puedo dejar de cuestionarme, más allá de la distribución de género que hay en cada sector laboral, si no existirá también un sesgo tan arcaico como absurdo que prioriza el empleo masculino porque asume que las mujeres pueden acudir a alguien pareja, padres o hijosen caso de necesitarlo.  

Por todo esto es urgente reforzar las políticas de empleo que aseguren la participación de las mujeres en los sectores esenciales, así como priorizar a los y las profesoras en el orden de vacunación, de forma que los niños puedan volver a la escuela y liberar parte de la carga doméstica que impide a muchas mujeres reincorporarse al mundo laboral hoy en día. Hoy las mexicanas reclamamos seguridad, justicia y respeto, pero esperemos que pronto podamos enfocar la discusión en la paridad y, cuando lo hagamos, no empezaremos de cero. 

Sofía Morfín

Sofía Morfín

Es colaboradora y lectora de Mi Valedor. Le gusta escribir cuentos y analizar cualquier cosa en un Excel.

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