Museo Nacional de San Carlos: Mi Valedor recorrió la exposición “El imaginario del cuerpo heroico y sus avatares”

Museo Nacional de San Carlos: Mi Valedor recorrió la exposición “El imaginario del cuerpo heroico y sus avatares”

27/08/2026

El 26 de agosto, Mi Valedor recorrió la exposición “El imaginario del cuerpo heroico y sus avatares” en el Museo Nacional de San Carlos y cerró la visita con un taller de collage donde las y los valedores transformaron las ideas del recorrido en imágenes propias.

¿Qué significa tener un cuerpo ideal? ¿Quién decide cómo debe verse un cuerpo? ¿Quién determina qué cuerpos son fuertes, bellos, heroicos o dignos de reconocimiento?. Estas fueron algunas de las preguntas que acompañaron a Mi Valedor durante su visita al Museo Nacional de San Carlos, donde lxs valedorxs recorrieron la exposición “El imaginario del cuerpo heroico y sus avatares”, una muestra que utiliza el arte y la representación del cuerpo para reflexionar sobre los modelos de belleza, poder, disciplina y control que han atravesado distintas épocas.

Desde la primera sala, el recorrido puso sobre la mesa una idea que parecía sencilla, pero que escondía una larga historia: el cuerpo también puede convertirse en una herramienta de poder, el cuerpo ideal también tiene reglas, la imagen principal de la exposición, una carrera deportiva, introducía al visitante en una relación entre cuerpo, competencia y representación.

Uno de los primeros encuentros fue con el Doríforo, la representación del joven guerrero atribuida a Policleto, una figura que durante siglos ha sido considerada un ejemplo del cuerpo ideal gracias a su simetría, proporción y armonía. Isabel, la guía y encargada, explicó que, dentro de este modelo, la altura ideal del cuerpo equivaldría aproximadamente a siete veces la medida de la cabeza, pero detrás de aquella búsqueda de perfección también aparecía una pregunta incómoda: ¿Quién podía ser considerado bello?.

El ideal clásico estaba construido principalmente alrededor del cuerpo masculino. Como señaló la guía durante el recorrido: “Si naces mujer tienes menos mil puntos”, la frase provocó reflexión porque permitió mirar aquellas esculturas no solamente como obras de arte, sino como representaciones de una sociedad que también establecía quién podía ocupar determinados lugares.

El recorrido también relacionó el cuerpo con el deporte, la calistenia y las prácticas mediante las cuales las sociedades enseñan a las personas a disciplinar sus cuerpos, la exposición planteó así una idea poderosa: el Estado también puede instrumentalizar el cuerpo, a través de reglas, instituciones, ejercicios, representaciones y discursos, los cuerpos pueden ser educados para responder a determinados ideales.

La conversación llegó incluso a la danza y a la apropiación de los bailes regionales, Isabel habló sobre Amalia Hernández y la manera en que tomó diferentes expresiones de la danza tradicional mexicana, transformándolas y, en algunos casos, descontextualizándolas para construir espectáculos destinados a los escenarios, algo similar podía observarse en la Guelaguetza, donde determinadas expresiones culturales también han sido reorganizadas y representadas fuera de sus contextos originales. Así, el cuerpo aparecía nuevamente como un territorio que puede ser adoctrinado, reglamentado y utilizado para construir una idea de nación.En otra de las salas apareció la figura de los tlaxcaltecas, cuya relación con los mexicas ha quedado marcada históricamente por la idea de “traición” debido a sus alianzas con los españoles durante la conquista, entre las historias recuperadas estuvo la de Tlahuicole, guerrero tlaxcalteca representado con mazo y escudo, a quien se atribuye haber combatido hasta derrotar a numerosos adversarios. La historia cuenta que finalmente fue vencido por el cansancio y murió después de recibir un golpe en la nuca.

La figura del guerrero volvía a aparecer, pero ahora desde otro lugar: ¿Quién decide quién es héroe y quién es traidor?, el cuerpo heroico no existe separado de la historia, también es construido por los relatos que una sociedad decide conservar.

Uno de los momentos centrales del recorrido fue el encuentro con “Tormenta de Cuauhtémoc”, de David Alfaro Siqueiros, realizada en 1950. La obra representa a Cuauhtémoc y remite a la violencia de la conquista española, poniendo en primer plano la tortura y el sometimiento. El mural terminado se encuentra en el Palacio de Bellas Artes, pero aquí la referencia permitió continuar con la reflexión sobre cómo el cuerpo puede convertirse en territorio de violencia y resistencia, la conversación también llegó a la mitología griega con Patroclo, quien se hizo pasar por Aquiles durante la guerra de Troya y terminó muerto, la historia, narrada en La Ilíada, volvió a poner sobre la mesa la figura del héroe, la identidad y el sacrificio.

Incluso los premios aparecieron dentro de este imaginario: las copas y reconocimientos asociados con la victoria como símbolo de honor, dentro del museo, el propio color adquiría significado. El rojo y el verde, presentes en distintos espacios, evocaban ideas relacionadas con la victoria, la fortaleza, la sangre y el poder.

Pero la visita no terminó al salir de las salas, después del recorrido llegó un taller de collage, dirigido por Adiel Velasco, que invitó a las y los valedores a retomar todo aquello que habían visto y escuchado para construir una reinterpretación propia. La propuesta partió precisamente de cuestionar aquello que Policleto había planteado siglos atrás: ¿Qué pasa si dejamos de pensar el cuerpo desde un modelo establecido y comenzamos a imaginarlo desde nuestra propia mirada?

Las revistas comenzaron a circular de una mesa a otra, los valedores compartían materiales, imágenes y recortes mientras construían sus propias interpretaciones, el ejercicio dejó de ser únicamente una actividad artística para convertirse en una conversación sobre cuerpo, identidad, género, diversidad, México, victoria y derrota.

Miguel fue el primero en participar y planteó la relación entre la derrota, la victoria y el premio, convirtiendo incluso un refresco en parte de esa idea, File creó una propuesta relacionada con la primera estatua y la hambruna mundial, Crisi trabajó sobre el racismo y la diversidad, utilizando una cabeza como punto de partida, y doña Emy construyó una imagen donde aparecieron el cuerpo de una mujer y México, haciendo de la identidad una parte fundamental de su reinterpretación. Cada collage terminó siendo diferente porque cada mirada también lo era y justamente ahí estuvo la fuerza del ejercicio: no reproducir el cuerpo ideal, sino apropiárselo, cuestionarlo y volver a imaginarlo.Isabel, encargada del área de Aprendizaje y Mediación del Museo Nacional de San Carlos, recordó el vínculo con Mi Valedor desde noviembre de 2023, cuando comenzaron a trabajar de manera cercana. Para ella, aquel primer contacto dejó una experiencia muy agradable y un vínculo que hoy continúa creciendo. Volver a coincidir significó encontrar nuevamente un espacio dispuesto a recibir a la bandita, escucharles y generar experiencias donde el arte pudiera convertirse en una herramienta para conversar sobre sus propias vidas.

Desde Mi Valedor agradecemos profundamente a todo el personal del Museo Nacional de San Carlos por recibirnos, acompañarnos durante el recorrido y hacer posible una visita agradable, cercana e interactiva. Gracias especialmente a Isabel y a todas las personas del área de Aprendizaje y Mediación por la disposición y por continuar construyendo este vínculo con Mi Valedor. Y gracias a Adiel Velasco por llevar el taller de collage y abrir un espacio para que las y los valedores pudieran transformar lo aprendido en imágenes propias.

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