LAS PAREDES GRITAN: AMLO… ANTES… DE MORIR…

02/04/2018
Por Héctor Castillo Berthier

Con las elecciones cada vez más cerca, ¿qué podemos decir de AMLO que no se haya dicho antes? Héctor Castillo se las ingenia y nos sorprende con un texto satírico.

 

ZONA SUBMETROPOLITANA

VIVITO Y COLEANDO

Por tercera ocasión (la tercera es la vencida) López Obrador está otra vez frente a la opinión pública.

No sabe si ganará o si se irá a “La Chingada”… su rancho en Palenque.

La gente lo sigue. Lo apoya. Y aparece como puntero en las encuestas… Pero el gobierno no lo quiere.

Sabe que su camino, enviado desde el más allá, no será fácil.

Menos ahora que los ataques de aquella multitud de detractores lo llaman: ¡Populista!; ¡Enemigo número uno de la sociedad!; ¡Eres un peligro!

Es un ataque de “los liberales”, directo a proteger la obsesión de poder que han mantenido desde que nació Adam Smith. Incluye a periodistas y premios Nobel.

“¿Acaso eres tú el elegido?”, le preguntaba la turba de liberales, a lo que respondía: “Si tú lo dices lo soy”.

“¡Ha blasfemado!, ¡ha blasfemado!”, decían los hombres y mujeres aglutinados alrededor del PRI (Pensamos Rapiñarlos Incansablemente).

“¡Crucifíquenlo!” gritaban todos en coro.

Los 30 periodistas comprados por el emperador se veían muy unificados: “Este es un Populista que debe pagar por sus culpas”; “Nos va a quitar los chayotes”; “No hay nada como el neo liberalismo”… se decían en secreto.

Afuera, el alboroto era grande.

Los dueños del imperio Yanqui no querían un gobernador de izquierda. Videgaray ya los había convencido. Y hasta el profeta Vargas Llosa, pedía la unión de las fuerzas democráticas.

Querían acabar con él. Ya no podían desaforarlo, como lo hizo Fox.

“¡Dice que somos una mafia!”, “¡Nos quiere convertir en Venezuela!”, gritaban sus opositores.

Las enardecidas tribus del Twitter, reaccionaban ambiguamente: “Nos va a matar de hambre”. “¡Muera el socialismo!”… No lograban unificarse.

“¿Qué vamos a hacer con AMLO?”, se decían.

Los liberales, resignados y esperando la voz del emperador, decidieron que el destino tomara su curso inevitable.

No querían que AMLO triunfara. Y estaban decididos a pararlo de cualquier forma posible.

Por eso decidieron crucificarlo en Semana Santa.

Con ello, su detención los tomó a todos por sorpresa.

LA DETENCIÓN

Con cámaras ocultas. Con el himno del PRI que escribió cuando era joven. Con la televisión y la radio cargándole la mano, las fuerzas del orden se abalanzaron sobre él después de una reunión.

Querían una detención limpia. No querían alborotos. Fue tomado por sorpresa.

“¿De qué me culpan?”, exclamó.

“¿De preocuparme por el bienestar de las poblaciones más pobres del país? ¿De haber demostrado que sé gobernar? ¿Del grupo de empresarios que se han sumado a mi campaña? ¿De querer acabar con la corrupción de los mafiosos? ¿De ser un demócrata?”, decía el mártir.

A pesar de sus palabras, entre todos lo tomaron por la fuerza.

Mirando a la prensa sólo atinó a decir: “En verdad os digo que, quien no se equivoca, no podrá nunca construir un reino del amor. No quiero pleitos con los opositores. Serán perdonados. Y, quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”.

En los tribunales, la sentencia había sido rápida y expedita: “¡El Populista es culpable!”.

Algún osado redactor mencionó: “Es costumbre que en estas fechas se libere de la muerte a algún malandrín: ¿A quién debemos liberar? ¿A Duarte, o a AMLO?”.

“¡A Duarte!”, gritaron todos los chayoteros.

Los Prianosaurios se miraban complacidos. La turba se había expresado.

“¡Que suelten a Duarte!”, gritaban a coro.

“Sí, ya déjenlo en paz”. “Un juez lo absolvió”. “No era ratero, sólo que le gusta muchísimo el dinero”.

Así, con la prensa comprada a su favor (como siempre), el emperador se lavó las manos y dijo muy claro: “Su muerte no importa… pero cuenta mucho”.

Y decidió crucificar a AMLO.

EL CALVARIO

AMLO avanzó por el tortuoso camino. Sin sus libros. Sin sus morenos seguidores. Sin sus viejitos. Sin los personajes que le habían ofrecido protección. Sin su estatua de Benito Juárez, lo cual le hizo más pesada la cruz que cargaba en aquel viernes santo.

Detrás de él, marchaban sus operadores políticos, sus seguidores y el séquito de apóstoles.

Cuál sería su sorpresa que, antes de la primera caída, la mayoría de ellos no huyó, ni se escondió. Como Marco Rascón, que lo negó tres veces… antes que cantara el gallo.

A su paso rumbo a la crucifixión política, algunos de sus millones de fieles seguidores, le gritaban: “¡Estamos contigo!”; “¡No te dejes AMLO!”; “¡Demuéstrales quién tiene el poder!”; “¡Ya te toca ganar!”…

Pero… todo parecía inútil. Nadie podía liberarlo.

Él siguió su camino al calvario y en un momento de desfallecimiento y cuando estaba por caer, sintió un poco menos pesada la cruz y escuchó: “Hermano, soy Poncho Romo, ya hablé con los empresarios y necesitas garantizar que no acabarás con el Nuevo Aeropuerto”.

El mártir lo miró y le dijo: “En verdad os digo que muy pronto ganaremos y el Aeropuerto y las Reformas las hará el pueblo”.

Cerca de las quince horas, toda la raza llegó al monte para ver como acababan con el mártir que nunca llegaría a la presidencia.

El mártir fue colgado en una cruz hecha de periodicazos, columnas, caricaturas y videos de YouTube de los que manda hacer el emperador.

Lo levantaron lentamente y lo expusieron para que todos vieran los últimos momentos del populista.

A su lado estaba Napoleón Gómez Urrutia, quien le dijo: “Si tú eres en verdad quien dices que eres, bájate de la cruz, bájame a mí y dame fuero en las siguientes elecciones”.

Él lo miró fijamente y le dijo: “Perdónalos, no saben lo que hacen… Mañana vivirás conmigo en el reino del sexenio”.

A las tres de la tarde y mirando al cielo, exclamó con tristeza: “Padre mío ¿por qué me has abandonado?… En tus manos encomiendo mi espíritu, o lo que diga mi dedito”.

Pero su dedito estaba crucificado… Y murió.

LA CUEVA DEL DELFÍN

Cuenta la leyenda que fingió morir… Pero reapareció en las elecciones el primero de julio de 2018… Las ganó ampliamente… Pero tuvo que cargar con una enorme fila de priistas, panistas, petistas y viejos perredistas… Los corruptos nunca pisaron la cárcel… ¿Y el país cambió?… “Por los siglos de los siglos santos amén”.

¡Vientos huracanados!, si no me mandan a despertar a Lázaro nos veremos por acá el próximo lunes…

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Héctor Castillo Berthier

Héctor Castillo Berthier

Héctor Castillo Berthier es doctor en sociología, investigador, músico, periodista, especialista en problemas urbanos en las áreas de Basura, La Merced y el Abasto Alimentario, Caciquismo, Desarrollo Social, Cultura, Juventud y Violencia. Es autor de varios libros y numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales. Columnista regular del Periódico Metro y conductor de programas radiofónicos. Actualmente es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y del SNI. Director del Proyecto Circo Volador y Coordinador de la Unidad de Estudios Sobre la Juventud (UNESJUV) en la UNAM.

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