El dulce abrazo de la gran epidemia. Fotografía de Marco Antonio Munguía
Fotografía de Marco Antonio Munguía

El dulce abrazo de la gran epidemia

15/12/2019
Por Marco Antonio Munguía

A todos nos ha pasado al menos una vez: ir con prisas, comer lo primero que encontramos, llenarnos de antojitos, tacos y tortas… ¿Pero qué consecuencias está teniendo esto en nuestra salud y en el medio ambiente?

hecho por valedores

Según los últimos indicadores de salud de la OCDE, 72.5% de los adultos en México tiene sobrepeso u obesidad, lo que pone a nuestro país en segundo lugar entre los países miembros de la organización. Y entre los niños, esta cifra es de un preocupante 37.7%. Como sabemos, la obesidad es un factor de riesgo para varias condiciones crónicas, entre ellas la diabetes tipo 2, que es la segunda causa de muerte por enfermedad en nuestro país. En 2017, 13% de los adultos tenía diabetes en México, el nivel más alto entre los países miembros de la OCDE.

En las grandes ciudades, y en nuestra CDMX, entre 60 y 70% de las personas cotidianamente come fuera de casa, específicamente, en la calle: en puestos, misceláneas o tiendas de conveniencia. El Dr. Abelardo Ávila Curiel, cirujano e investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, platicó con Mi Valedor sobre esta problemática, y sobre las acciones que está tomando la Alianza por la Salud Alimentaria para hacerle frente a estos problemas.

Los productos procesados que las personas se ven obligadas a comer en la calle “no tienen la mejor calidad ni los mejores ingredientes; el aceite se refríe muchas veces y existen agentes bacteriológicos y contaminantes en el ambiente. Apurados por resolver qué comeremos más que por comer bien, terminamos ingiriendo lo primero que encontramos”, afirma el Dr. Ávila. “Y así se va construyendo toda una cultura de consumo descuidado de alimentos porque el daño a la salud no es inmediato; es poco a poco, es paulatino, es imperceptible. Si yo consumo tacos en puestos callejeros que tienen carnes rojas que están siendo refritas y que tienen una alta densidad calórica, los acompaño con un refresco y esa es mi alimentación cotidiana, sin duda voy a producir un daño en mi organismo. Estoy aumentando considerablemente el riesgo de desarrollar ciertos tipos de tumores, de dañar mis arterias, de desarrollar diabetes, obesidad, lo que conocemos ahora como radicales libres que son alimentos que propician que yo esté produciendo sustancias que acumulativamente van a ir dañando todos mis órganos.”

DAÑO AL TEJIDO SOCIAL.

El problema es grave y el Dr. Ávila afirma que va más allá de los alimentos consumidos: “Esta manera de comer, con prisas y en la calle, nos priva de algo fundamental que a veces no valoramos: el acto de alimentarse en el ser humano es un acto de socialidad, es un acto de integración, es un acto de convivencia. Cuando uno tiene este tipo de comida rápida, individual, separada, perdemos también la oportunidad de integrar a la familia, a los niños, de mantener un contexto de comunicación entre seres humanos. Y eso también daña profundamente el tejido social”. 

DAÑO AL MEDIO AMBIENTE.

Adicionalmente, esta manera de alimentarnos trae consigo serios problemas ecológicos. De acuerdo con el Dr. Ávila, “muchos de los procesos para preparar, producir, transportar, transformar y consumir estos alimentos son ecológicamente muy dañinos. Por eso recientemente las Naciones Unidas advirtieron que este sistema alimentario está causando los mayores daños tanto a la salud como al medio ambiente. Se calcula que el sistema alimentario produce la mitad o algo más de la mitad de la huella de carbono”.

ALIANZA POR LA SALUD ALIMENTARIA.

Más de 35 asociaciones civiles, organizaciones sociales y profesionistas como el Dr. Ávila se han unido en la Alianza por la Salud Alimentaria (www.alianzasalud.org.mx) para demandar a los poderes ejecutivo y legislativo que desarrollen e implementen urgentemente una política integral de combate a la epidemia de obesidad, y que enfrenten, al mismo tiempo, la desnutrición que impacta a las familias más pobres, especialmente rurales e indígenas. Así, asociaciones como El Poder del Consumidor, The Hunger Project México, Greenpeace México, Slow Food, y muchas más, trabajan en conjunto en propuestas
tales como:

  • Alimentos saludables en las escuelas
  • No a la publicidad dirigida a la infancia
  • Etiquetado claro en alimentos y bebidas
  • Acceso a agua potable
  • Seguridad alimentaria
  • Impuestos a los refrescos
  • Lactancia materna
  • Dieta tradicional

Para el Dr. Ávila, una buena noticia es que “se ha ido alineando toda la comunidad científica, los organismos internacionales y las mismas autoridades sanitarias, que antes eran las que defendían a la industria y se oponían a que hubiera ciertas cosas fundamentales, como el etiquetado claro que muestra los riesgos y la calidad de los productos procesados”. Según explica el Dr. Ávila, por primera vez las autoridades están del lado de los consumidores: “que siempre debieron haberlo estado, porque esa es su obligación, pero realmente estuvieron más del lado de los intereses comerciales y sucedieron cosas terribles que mucha gente ignora, como que algunas industrias, por defender sus intereses, llegaron incluso a hacer espionaje”.

En este complejo panorama, las alternativas son “construir modelos de alimentación, pero no solamente de consumo, sino también de la producción, de la oferta, para ir transformando la locura en la que hemos caído, para reconstruir nuestra cultura alimentaria… y eso lo tenemos que hacer en muchos frentes. Uno de ellos es rescatar la alimentación de nuestros niños y niñas para regresar a una conciencia de la alimentación y de la necesidad de cuidar la salud, el medio ambiente, la buena nutrición, la cultura alimentaria, la convivencia… Que los programas de asistencia alimentaria, los comedores comunitarios, el sistema de alimentación escolar o los sistemas de alimentación en reclusorios o en oficinas, servicios laborales, se orienten bajo los principios de la alimentación justa, saludable y sustentable”.

Marco Antonio Munguía

En plenitud de la chavorruquez, aunque no se me note. Valedor desde 2018. Tengo convicción amorosa por los perros, la comida, la lectura, las películas de terror y de Jackie Chan.

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