Pachanga Antirracista: el gozo también es resistencia en la CDMX.

Pachanga Antirracista: el gozo también es resistencia en la CDMX.

18/09/2026

Del 3 al 22 de octubre, la Pachanga Antirracista tomará 17 sedes de la CDMX algunas de ellas son Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, Salón Los Ángeles, Rejas de Chapultepec, Metro La Raza, Metro Zapata, Museo de la Ciudad de México, Utopías, Kiosco Alameda, Universidad del Claustro de Sor Juana, Centro Cultural de España, Centro Cultural José Martí, Barba Azul, Cineteca Chapultepec, FARO Cosmos, con una amplia programación para todas las edades, donde podrás disfrutar de Música, danza, teatro, cine, poesía, cabaret, conversatorios, exposiciones, pasarelas de moda, sonideras, performance, circo y muchas otras expresiones que serán parte de esta gran celebración. Para esta quinta edición participan más de 1,950 personas entre artistas, colectivos, autoridades culturales y personas involucradas en la organización, quienes hacen posible que este proyecto cobre vida y llegue a distintos puntos de la ciudad. Todas las actividades serán gratuitas a excepción de las funciones programadas en la Cineteca las cuales tendrán un costo preferencial para todos los asistentes.Y aunque todas estas actividades nos emocionan mucho, debemos decir que la Pachanga Antirracista no es solamente una agenda llena de actividades culturales. Es, también, una invitación a reflexionar, dialogar y reconstruir; una nueva oportunidad de relacionarnos con todo aquello que históricamente nos enseñaron a despreciar. Su propuesta parte de una idea fundamental: el arte y la cultura pueden convertirse en herramientas para transformar nuestra forma de pensar, cuestionar aquello que hemos aprendido y construir nuevas maneras de relacionarnos y reconocernos.

En la colonia Guerrero, dentro de uno de los lugares más icónicos de la Ciudad de México, el Salón Los Ángeles, se llevó a cabo la conferencia de prensa de la Pachanga Antirracista. Durante el encuentro, José Antonio Aguilar, fundador y director ejecutivo de RacismoMX explicó lo siguiente:

“Las personas afrodescendientes, de origen indígena, de tono de piel oscura, siguen viviendo actos de discriminación en la Ciudad de México. Actos de discriminación en establecimientos comerciales, perfilamiento racial en tiendas seguidas por la policía y también negación de derechos. Este sigue siendo un problema. El racismo, la xenofobia, especialmente hacia personas migrantes, es una realidad en la Ciudad de México. Hay que seguirla combatiendo, y ese es el valor de la Pachanga Antirracista, porque la forma de combatir el racismo, la xenofobia y otras discriminaciones es a través del arte.”Sus palabras permiten dimensionar que hablar de racismo no significa referirnos únicamente a hechos del pasado. La discriminación continúa formando parte de la vida cotidiana y puede manifestarse en multiples espacios. Muchas de las comunidades que forman parte de esta celebración han sido discriminadas, estigmatizadas, marginadas e incluso exotizadas. Sus tradiciones, expresiones artísticas y formas de vida han sido observadas desde afuera, clasificadas y, en muchas ocasiones, colocadas dentro de una idea de “alta” o “baja” cultura. Frente a esto, abrir espacios de encuentro y representación también es romper con las jerarquías culturales que hemos aprendido a reproducir. Una oportunidad para reconocer el valor que existe dentro de nuestras comunidades, de nuestras historias y de nuestras formas de crear; sentir orgullo por aquello que nos pertenece, apapachar nuestras raíces y reconocernos en ellas también puede ser una forma de resistencia.Este evento propone acercarnos a expresiones que muchas veces permanecen fuera de los circuitos culturales tradicionales y que, sin embargo, forman parte fundamental de lo que somos. Lo originario, lo tradicional, lo popular y lo barrial también tienen voz, tienen historia y tienen fuerza, es por eso que generar espacios que representen a estas comunidades no se trata únicamente de visibilizarlas durante unos días. También implica construir puentes que permitan conocer y reconocer el trabajo, las tradiciones, los saberes y las expresiones artísticas que nacen desde ellas. En un contexto atravesado por la globalización y la hiperculturalidad, donde las fronteras culturales parecen diluirse y aquello que reconocemos como propio puede perder presencia frente a modelos impuestos desde otros lugares, detenernos a mirar hacia nuestras propias comunidades se vuelve cada vez más importante.Daptnhe Cuevas Ortiz, de la Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México, dijo: “En una sociedad de tanta injusticia y con tanta discriminación no basta con no ser racista, hay que ser antirracista.”

No se trata de negar las violencias que existen, sino de reconocer que las personas y comunidades que las enfrentan no pueden reducirse a ellas. También crean, celebran, imaginan, bailan, cuentan historias, construyen memoria y producen cultura. El derecho al gozo se convierte así en una dimensión importante de la propuesta. Celebrar no significa olvidar las problemáticas que atraviesan a una comunidad; también puede significar recuperar el derecho a ocupar los espacios públicos, a mostrarse, a crear y a disfrutar de aquello que se construye colectivamente. Llevar actividades a Utopías, espacios comunitarios, estaciones del Metro y otros puntos de la ciudad plantea otra pregunta: ¿quiénes tienen realmente acceso a la cultura? La representación también necesita territorio. No basta con que determinadas comunidades aparezcan en una programación cultural si los espacios donde esta sucede permanecen alejados de sus propias realidades.Carla Valeria Vázquez Ramírez, representante de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, señala:

“Durante mucho tiempo nos han dicho quién puede ocupar determinados espacios, qué historias merecen ser contadas y cuáles deben quedarse fuera. La Pachanga Antirracista propone justamente lo contrario a este discurso: poner en el centro la voz, la dignidad y la autorrepresentación de las comunidades racializadas. Reconocer la enorme diversidad cultural, corporal y territorial que existe en nuestra ciudad y entender que esa diversidad no solamente debe ser visible, debe tener espacios, recursos y posibilidades reales de participación. Es por eso que esta Secretaría está convencida de que es esencial y prioritario apoyar este tipo de propuestas que tienen como objetivo la concientización, la transformación social y el cambio de imaginarios. También es fundamental que este encuentro suceda fuera de los espacios tradicionales asociados a la cultura, que llegue a las Utopías, que llegue a los espacios comunitarios y a distintos territorios, porque el acceso a la cultura es un derecho y ese derecho tiene que ejercerse en toda nuestra ciudad.”Iniciativas como la Pachanga Antirracista y Mi Valedor coinciden en algo esencial: la cultura no tendría que ser únicamente un espacio al que se llega, sino también un espacio que se construye desde las propias comunidades. La posibilidad de contar nuestras propias historias cambia también la manera en que somos percibidos. Cuando una persona puede hablar desde su experiencia, crear desde su propia perspectiva y ocupar un espacio para mostrar aquello que hace, deja de ser solamente objeto de una representación externa para convertirse en protagonista de su propia narrativa. Esta perspectiva también atraviesa la propuesta musical de la Pachanga.Emiliano Tello, productor operativo del festival y director de la Pachanga Musical este año, habla sobre la necesidad de generar espacios de encuentro para quienes forman parte de la industria:

“México no tiene tantos espacios para compartir, para entablar diálogo, de reflexión e incluso circulación musical para los proyectos que nacen. Es muy difícil de pronto llegar al programador o programadora de los festivales, tanto públicos como privados, y este espacio plantea que estos agentes, tanto en formación como ya posicionados en la industria, puedan participar de diálogos.” Por ello, el festival también incorpora Distrito Frecuencia, un encuentro internacional de industria musical orientado a la formación, reflexión y vinculación entre personas del entorno musical. Habrá laboratorios de dos días, charlas especializadas, talleres y espacios de encuentro entre proyectos y programadores. Más allá de la música, esto muestra que transformar los imaginarios también requiere construir las condiciones para que nuevas voces puedan circular, encontrarse y desarrollar sus proyectos. Quizá por eso este festival apuesta por algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan poderoso: celebrar. Celebrar nuestras diferencias, nuestras raíces, nuestras historias y nuestras formas de habitar la ciudad. Bailar, escuchar, mirar, cuestionar, conversar y encontrarnos también puede abrir espacios para imaginar otras maneras de convivir. Combatir el racismo no solamente implica señalar aquello que está mal, sino también crear espacios donde todas las personas puedan reconocerse, expresarse y ocupar un lugar sin tener que renunciar a aquello que las hace quienes son.

Quizá un festival por sí solo no pueda resolver una problemática tan profunda y estructural. Sin embargo, sí puede abrir conversaciones, cuestionar imaginarios, acercar expresiones culturales que han sido relegadas y, sobre todo, permitir que quienes han sido observados desde afuera puedan ocupar el centro y contar sus propias historias. Tal vez combatir el racismo también implique aprender a mirar de otra manera. Mirar nuestras diferencias sin convertirlas en etiquetas. Mirar nuestras raíces sin exotizarlas. Mirar nuestras historias sin decidir de antemano cuáles merecen ser contadas. Mirarnos como comunidad, y no desde aquello que nos divide, miremos desde todo aquello que podemos crear, compartir y celebrar juntxs.

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