
Carlos Icaza nos invita a recordar a aquellos que también estuvieron presentes en las luchas y protestas de los años 60, no solo marchando, sino componiendo canciones y creando música que hablara del dolor, del cambio y de los sueños del pueblo.
En México nunca nos ha faltado pretexto para protestar. Las profundas desigualdades que década tras década seguimos padeciendo han sido determinantes para que generaciones de músicos hayan enfocado sus baterías a denunciar los incontables abusos del poder y de los poderosos.
En los años 60, las constantes represiones a maestros, médicos, obreros y estudiantes fueron documentadas en las voces y versos de muchos cantautores. Algunos llegaron a ser famosos y populares, como Óscar Chávez o Amparo Ochoa. Muchos otros son menos conocidos, como José De Molina, Judith Reyes, León Chávez Teixeiro o Margarita Bauche.
Estos músicos no solo se dedicaron a componer música y a cantar en mítines, manifestaciones y protestas callejeras legítimas, sino que también militaron en movimientos como los de 1968 y 1971.
Judith Reyes (Ciudad Madero, Tamaulipas, 1924-1988) escribió corridos de denuncia desde 1965, como el “Corrido de Santo Domingo” y el “Corrido de Arturo Gámiz”, en Chihuahua, dando voz a las exigencias campesinas y magisteriales del norte del país. Para el año de 1968, es fundamental su disco Cronología del movimiento estudiantil: 1968.
José de Molina (Hermosillo, Sonora, 1938- 1998), célebre cantautor con más de 30 años de lucha junto a organizaciones sociales, sufrió la represión a partir de 1994. Cantaba todas las tardes en el zócalo de la capital denunciando la política de exterminio y acoso al EZLN. Durante la visita de Bill Clinton en 1997 fue secuestrado y torturado por el gobierno de Ernesto Zedillo.
León Chávez Teixeiro (Ciudad de México, 1936) nació en la colonia Guerrero, pero vivió al norte de la apital. Sufrió un accidente a los nueve años que lo llevó a abandonar la escuela. De niño y adolescente trabajó vendiendo veladoras, paletas y refrescos de manera ambulante. En esa época comenzó su trayectoria como músico callejero. Debido a su inclinación por lo urbano, se involucró como activista en movimientos de resistencia y vivienda, ante la creciente urbanización de más zonas de la Ciudad de México.
Otro caso es el del grupo Antorcha, quienes comenzaron haciendo covers de rock pero poco a poco fueron radicalizándose al grado de producir todas sus grabaciones de manera semiclandestina y autogestiva, denunciando las injusticias mundiales y locales a ritmo de rock ácido, cosa que los emparentó con los MC5 de Detroit.
La historia de la música de protesta en México es amplia y variada; sin embargo, muchos exponentes ni siquiera llegaron a grabar profesionalmente y su música continúa perdida en cassettes o cds grabados, sepultada en tianguis y basureros. Es nuestra responsabilidad redescubrirla y darle nueva vida, ya que sus principales denuncias siguen siendo nuestros mismos problemas.
Tropicaza es aficionado a la música perdida y a compartirla. Junto a Basuritas Discos realiza los cds Valemixes. Consíguelos con tu valedor.
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Este texto forma parte de la edición 31. Valedores del mundo, ¡uníos!
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