
En el corazón del Centro Histórico, un grupo de integrantes de Mi Valedor se reunió en las instalaciones de Fundación Herdez para compartir mucho más que recetas: historias de vida, saberes culinarios y el gusto por construir comunidad alrededor de la cocina.
La historia de Herdez se remonta a 1914, cuando inició el camino de una de las empresas alimentarias más reconocidas de México. A través de Fundación Herdez, la organización ha impulsado durante años proyectos de educación alimentaria, rescate de tradiciones gastronómicas y talleres culinarios que acercan a distintos sectores de la población a los sabores, técnicas y conocimientos que forman parte del patrimonio gastronómico mexicano.
Más allá de la enseñanza de técnicas culinarias, estos encuentros buscan preservar la memoria gastronómica y reconocer el valor cultural que habita en cada receta, a través de ingredientes, preparaciones y formas de cocinar transmitidas de generación en generación, Fundación Herdez apuesta por recuperar tradiciones y visibilizar las historias que se construyen alrededor de la comida: una visión que encuentra eco en Mi Valedor, donde la cocina también se convierte en un espacio para compartir experiencias, fortalecer vínculos y reconocer los saberes que cada persona lleva consigo. 
En esta ocasión, la actividad reunió a tres valedores ya conocidos por su entusiasmo y compromiso con la cocina: Doña Emi, Bigotes y Francisco, no era la primera vez que participaban en estas experiencias. Esta fue ya la tercera visita de integrantes de Mi Valedor a Fundación Herdez, en encuentros anteriores elaboraron salsa macha para una comida de cumpleañeros, aprendieron a preparar tortillas de maíz y tlacoyos, además de participar en talleres dedicados a la elaboración de salsa verde y otras preparaciones tradicionales de la cocina mexicana.
La jornada estuvo dedicada a la creación de distintas salsas, entre ellas una salsa roja tradicional y una refrescante salsa de piña que rápidamente se convirtió en una de las favoritas del grupo, desde el inicio, la cocina se transformó en un espacio cálido, lleno de movimiento, aromas y conversaciones. Mientras afuera se escuchaban los gritos, aplausos y celebraciones provenientes de la proyección del partido del Mundial en la explanada del Zócalo, dentro del taller las y los participantes concentraban su atención en los ingredientes, las técnicas y el intercambio de experiencias.
Como suele ocurrir en las actividades de Fundación Herdez, la cocina también se convirtió en un punto de encuentro para compartir historias personales. Los valedores hablaron sobre los lugares de donde vienen, las personas que les enseñaron a cocinar y los recuerdos familiares que acompañan cada receta.
Doña Emi se encargó de tatemar la piña con paciencia y experiencia. Su historia está profundamente ligada a la cocina: desde pequeña asumió el cuidado de sus hermanos y encontró en la preparación de alimentos una forma de sostener y acompañar a su familia, originaria de Texcoco, también disfruta mucho interactuar con las personas que encuentra en las calles de la ciudad, le gusta tomarse fotografías, conversar con visitantes extranjeros y encontrarse con quienes reconocen su trabajo para saludarla o pedirle que firme alguno de sus fanzines.
Por su parte, Francisco afinaba detalles de una salsa que incorporaba chicharrón, mientras resolvía dudas y experimentaba con los ingredientes. Su historia es también una muestra de perseverancia. Pasó diez años viviendo en situación de calle y recorriendo distintos estados de la República Mexicana vendiendo periódicos. “Podía cargar hasta mil ejemplares en mi mochila”, recuerda, hoy suma una década formando parte de Mi Valedor y continúa ampliando sus conocimientos a través de distintos cursos gastronómicos.
Entre los aprendizajes que comparte destaca una filosofía que guía su vida: disfrutar el proceso para después gozar la meta. Para él, las metas nunca son definitivas; siempre aparece una nueva posibilidad por alcanzar. “No hay límite”, suele decir, sin olvidar la importancia de conservar la esencia propia en cada paso del camino.
Bigotes, quien habitualmente se encarga de preparar los alimentos en la casa de Mi Valedor, aportó también su experiencia y entusiasmo. Su gusto por la cocina lo ha convertido en un participante constante de estos talleres, donde encuentra nuevas herramientas para seguir desarrollando sus habilidades culinarias.
Al finalizar la sesión, la chef encargada Montserrat Castillejo, compartió diversos consejos para mejorar las preparaciones y recordó una de las lecciones más importantes de la cocina: aunque todas las personas utilicen los mismos ingredientes y sigan el mismo procedimiento, ninguna salsa tendrá exactamente el mismo sabor, cada preparación lleva consigo la experiencia, la sensibilidad y la historia de quien la realiza.
Como muestra del orgullo por su trabajo, los valedores llegaron preparados con recipientes para llevarse a casa sus creaciones y compartirlas con sus familiares y amigos. Además, durante la jornada recordaron cuando se presentó la revista # 36 Jijos del Maíz!, publicación que celebra la riqueza cultural, histórica y gastronómica que rodea a uno de los ingredientes fundamentales de la identidad mexicana.
La colaboración entre Fundación Herdez y Mi Valedor continúa generando nuevas oportunidades de aprendizaje para las y los integrantes del proyecto. Como parte de este compromiso, Fundación Herdez realizó además un donativo dirigido a valedores interesados en fortalecer su formación gastronómica y continuar explorando los conocimientos adquiridos en los distintos talleres, este apoyo reafirma una apuesta compartida por el aprendizaje comunitario, la recuperación de saberes tradicionales y el reconocimiento de la cocina como una herramienta de desarrollo personal y colectivo.
La emoción culinaria continuará próximamente con un nuevo taller dedicado a los atoles tradicionales. El programa contempla preparaciones saladas como chileatole rojo, verde y de milpa, así como versiones dulces de maíz con mango, manzana con canela y cacahuate con cocoa acompañado de galletas de animalitos.
Desde Mi Valedor agradecemos profundamente a Fundación Herdez por abrir sus puertas, compartir conocimientos y seguir generando espacios donde la cocina se convierte en una herramienta para el aprendizaje, la convivencia y la construcción de comunidad. Gracias por las constantes invitaciones y por apostar, una vez más, por encuentros que fortalecen los lazos entre las personas a través de la comida, la cultura y la solidaridad.
Porque detrás de cada salsa, tortilla o atole existe una historia que merece ser contada, preservada y compartida. Y en ese ejercicio de memoria colectiva, la gastronomía se convierte también en una forma de identidad, resistencia y comunidad.
Mi Valedor es una organización no gubernamental y sin fines de lucro. Estas actividades son posibles gracias a los donativos y al generoso apoyo de personas como tú.
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