
No se trató de una feria tradicional ni de un gran recinto ferial: Fiera sucedía dentro de una casa de varios niveles, convertida en un espacio expositivo donde cada piso proponía una experiencia distinta.
Al entrar, el recorrido no tenía un orden podía comenzar hacia arriba, o hacia abajo. Había que descender las escaleras, casi como llegar a un sótano, para encontrarse con una de las salas. Aquí el arte no estaba jerarquizado por niveles, sino distribuido como una exploración doméstica, cercana, casi íntima.
Durante la jornada, Juanjo Soto, parte de la organización, ofreció una plática donde explicó el sentido de esta segunda edición de Fiera: abrir un espacio alternativo dentro de la Semana del Arte, donde la experiencia fuera más cercana al encuentro que al consumo rápido de obra. La feria reunió el trabajo de más de una decena de artistas en distintos cuartos de la casa. Pintura, gráfica, cerámica, escultura e instalación convivían sin separación rígida, permitiendo que cada sala funcionara como un pequeño universo. En la terraza, además, se realizaron charlas y encuentros que ampliaban la experiencia más allá de la exhibición.
Mi Valedor estuvo presente en la exposición con las obras de los usuarios, los fanzines, tote bags y la revista Vol. 37 “usurpando los 90”, entre las historias que también atravesaron la jornada estuvo la de Ray, valedor que participó en la feria apenas unos días después de haber sufrido un accidente en bicicleta que le dejó el codo dislocado. Aun así, estuvo presente, acompañando el espacio y sumándose a la experiencia colectiva. Su presencia recordaba que estos eventos no sólo se sostienen por las obras, sino por lxs cuerpxs que las hacen posibles, incluso cuando llegan con dolor, cansancio o procesos personales a cuestas. En Fiera, el arte también fue eso: insistir en estar. Varias piezas trabajaban con textiles, materialidades suaves y procesos manuales, generando un diálogo entre lo contemporáneo y lo cotidiano.
Fiera Arte no domesticado no se planteó como un evento de pocos días. La propuesta se extendió más allá del calendario inmediato de la Art Week, con visitas mediante cita, buscando que el público pudiera recorrer el espacio con tiempo, sin la prisa habitual de las ferias masivas. Más que una feria, Fiera funcionó como una toma simbólica de la casa: el arte ocupando habitaciones, escaleras, pasillos y conversaciones. Un recordatorio de que también desde lo doméstico, lo alternativo y lo no central se construyen escenas que dialogan con el presente del arte contemporáneo en la ciudad.
Para Mi Valedor es un placer y un orgullo participar en Fiera Domesticado, esperando y deseando más ediciones juntos.
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