
Quienes estén familiarizados con los periódicos callejeros –las personas que los compran, leen, elaboran y los apoyan– saben de lo que trata una publicación de este tipo: son una solución emprendedora a la pobreza, una fuente de ingresos sostenible para quienes no pueden encontrar un trabajo, una herramienta de empoderamiento para los vulnerables y marginados dentro de la sociedad.
Pero son las personas que venden estas revistas y periódicos –en las calles, afuera de las tiendas, en las estaciones de tren, en las intersecciones concurridas– quienes saben lo que realmente significa un periódico callejero y lo que representa.
La Red Internacional de Periódicos Callejeros preguntó a estas personas –denominadas de distintas formas: salespeople, valedores, spokeperson for Culture, camelots, verkäuferinnen– qué significaban estos periódicos y revistas para ellos personalmente. Las respuestas fueron variadas y procedían de un amplio espacio geográfico, lo que destaca la diversidad de personas y formas de pensar de esta red. En esta segunda publicación compartimos la opinión de personas desde Grecia hasta Australia:
“Shedia fue un redescubrimiento de mi persona. Recuperé mi autoestima y dignidad y me reconecté con la sociedad. Cuando vendí mi primera revista, me sentí la persona más feliz del mundo. Fue mi primer ingreso en mucho tiempo. El periódico callejero, las personas y los lectores, son mi familia. Me rodean con mucho amor.”

Fotis Adamopoulos, 67, vende Shedia in Greece. Fotografía: Cortesía de Shedia
“Vendiendo el periódico, siento que me abro y me vuelvo más flexible. La dinámica en The Big Issue es muy abierta, amigable y de mucho apoyo. Las personas son muy cálidas y es muy agradable ir con ellos. La intención es ayudar a la gente y verdaderamente lo hacen. También es bueno conocer a los otros vendedores y saber que estamos juntos en esto. Verdaderamente hay un sentido de comunidad que nos nutre y ayuda. También es una buena manera de generar un ingreso sustancial que me permite hacer cambios positivos en mi vida, vencer mis miedos, retomar intereses personales y explorar nuevos. Me permite convivir y ver a gente y ser parte de la vida de la ciudad. Además me permite comprender las dificultades de la vida y la importancia de que todos seamos vistos y escuchados. Todos tienen una historia de vida.”

Marian vende The Big Issue Australia en Melbourne, Australia. Fotografía: Cortesía de The Big Issue Australia
“El periódico es mi sustento de vida. Paga mi renta, paga mis gastos de vivienda, me paga… todo. Este es mi empleo, es mi negocio: disfruto hacerlo y, si no fuera por él, no tengo idea qué estuviera haciendo. Han pasado 10 años [desde que vendo The Contributor]. Iba a renunciar hace 8 años, ya había conseguido otro trabajo y todo, pero sufrí un accidente, un automóvil me pegó, mis hombros se fracturaron, el fierro del carro me despedazó las piernas y eso derivó en no poder trabajar ahí. De hecho, fue muy difícil hacer cualquier cosa por mucho tiempo. Estuve en el hospital por 55 días. Por ello, estoy muy agradecido [por tener el periódico callejero].”

Keith D. vende The Contributor en Nashville, Tennessee, EE.UU. Fotografía: Cortesía de The Contributor
“El periódico callejero es un enviado de Dios. Es una oportunidad de salir y conocer nuevas personas, una oportunidad de generar un ingreso. Es un salvavidas para aquellos que no tienen acceso a otras cosas que les sean útiles.”

Joe Taylor, 46 años, vende Toledo Streets en Toledo, Ohio, EE. UU. Fotografía: Cortesía de Toledo Streets
“El articulo primero de la Declaración Universal de los Derecho Humanos dice «Todo ser humano nace libre y con la misma dignidad y derechos». Sin embargo, estos derechos son negados en muchos lugares. Por ello, es muy importante valorar el papel que los periódicos callejeros tienen en la reintegración de las poblaciones vulnerables, dándoles acceso a una educación, un ingreso y asistencia social y psicológica. Personalmente he sido testigo de cómo Traços ha transformado mi vida. Solamente por esta vía seremos capaces de alcanzar una sociedad más equitativa y digna para todos.”

Marcus Vinicius vende Traços en Brasilia, Brasil. Fotografía: Thaís Mallon
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