Una crónica

Una crónica

15/02/2020
Por Karen Villeda (Tlaxcala, 1985)
Fotografía de Sonia Madrigal

Estoy escribiendo que el invierno pasado asesinaron a una mujer llamada como yo. Me equivoco. Fue en el invierno de 2017. Estamos a principios de 2020 y esa Karen, que murió en un cuarto de hotel, sigue muerta. ¿Su asesino? No se sabe. Decir que “Karen sigue muerta” no detiene la lluvia. Decirlo así tampoco le hace justicia. “La hallaron en el Pasadena”. Tenía balazos. No. Estaba cortada. No. Estaba de una pieza pero con un tiro en la cabeza. No se sabe tampoco. Invierno. Ciudad de México. 2020. Hace dos años asesinaron a Karen, aquí estoy yo. Y sigo viva, todavía. Viva por suerte, fortuna, destino o azar, pues nueve mujeres son asesinadas cada día en nuestro país según onu Mujeres. Reescribo: Estoy viva por suerte, fortuna, destino o azar porque están matando a diez mujeres diariamente en este país.

Estoy convencida de que pocas cosas pueden ser tan terribles como seguir viva, aquí, y pensar de esta manera. Haciendo cuentas. Cuentas mías. Cuentas de las demás. Cuentas de las que ya no están con nosotras. “Mientras haya escritura, habrá esperanza”. Pero no, casi no hay esperanza. Habrá después. Y ¿ahora? Me están sumergiendo en un envilecimiento progresivo, me castigan si hago uso de la escritura en exceso y si pienso en ti [Tú, el suave oleaje del mar] me aumentan la jornada laboral. Mi trabajo consiste en excavar las zanjas donde van los cadáveres exquisitos, nuestras creaciones diarias, poemas y capítulos de no velas {todos mis poliedros o los intentos de} que jamás verán la luz del sol ni la luna por la noche. No acompañarán a nadie antes de que se incorpore a sus sueños nocturnos. Con una pala desgastada muevo los montones de tierra dura. Hago más profundas y hondas las cavidades ya hechas por otros compañeros que ellos sí penetran en el interior de las cosas, de mis cosas, de mis pensamientos y sé que debí renunciar a todo, a todo (a Tú, a Ella, a todas), antes de encontrarme aquí con pocas esperanzas, con casi nada, en este lugar vacío donde no hay hospitalidad, donde lo humano se vuelve inhumano… Sé que estas galerías que abro en la Tierra serán mi futura (y no muy lejana) tumba.

El amor nos está matando.
—¿Cuál es la palabra?…

¿Qué es el Amor? Alguna vez me dijiste que todo el conjunto {vacío} de Amor podía caber (sin discusión) en el subconjunto {lleno} de Deseo. Pero… y, ¿yo te deseaba?, ¿qué es desear? El deseo es para sufrir ignorantemente. Y así se me ocurrió contar este cuento titulado [mi amor] “Las pretensiones”. Es muy general la manera en que abordo el tema, me enfoco a la idea de dos, de pareja. De la presunción de decir “yo te amo”, ¿por qué “yo te amo”? y así yo conoció a Tú y terminó siendo yo [minimízame, hazme granizo] y golpea toc toc toc golpean a la puerta y así tenemos a Blanca Nieves y su hermana negra con siete enanitos pero sin príncipe. Tal vez alguna de estas ínfulas sustituya a cualquiera de las variables que están en espera de una constante [otro “yo te amo”] pero yo te amo a ti debería ser único y no universal, sino único. Es sólo que está en la boca de todos y colorín colorado este cuento no ha acabado porque

—Tus labios, míos…

Y así seguí, seguí, seguí y ahora estoy aquí.

Seguimos aquí y el amor nos está matando. Tú por fin adquirió un título profesional: mi amor [y yo adquirí un título ambiguo: escritor(a)]. Perdón pero voy a seguir hablando de Tú, que es lo único que conozco y, además, una consonante así suena bien con la última vocal. [¿Quién no me ha preguntado si esto, amar, no es ser un monstruo? Tú eres la Bestia].

—Tus labios, míos…

—La maté porque no pude soportar verla feliz.

—Era mía.

—Maté a mi novia porque no podía vivir sin ella.

No te preocupes, la Verdad oculta no es lo que tienes que revelar, sino la mentira posible. Tienes que hacer un esfuerzo por recordar de dónde vienes, no vienes de Tú, sino de ti… —yo lo sé, no tiene por qué recordármelo, pero para mí el amor es el amor es el amor es [y aquí va tu nombre]. Tienes que recordar que todos hemos nacido para bien o para amar, no existe el mal en nosotros. ¿Tienes miedo?

Karen Villeda (Tlaxcala, 1985)

Sus libros más recientes son Agua de Lourdes. Ser mujer en México (Turner, 2019) y Visegrado (Almadía-inba, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo «José Revueltas»2017. En su sitio web POETronicA (www.poetronica.net) dialoga con poesía y multimedia.

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