
En este breve texto dedicado al Covid-19 (o al pretexto de este), Andrés, cómplice de Mi Valedor desde el inicio, nos invita a hacer una pausa y reflexionar sobre la empatía.
Llamar a la empatía, en una pausa prolongada, en un frenón forzado. Detuvimos el impulso e impulsamos el discurso; detente, quieto… lo importante es lo inminente y no precisamente lo que vuela por tu mente.
Llamar a la empatía, como un desesperado grito de auxilio, de la vorágine, de lo acelerado, del ruido, de nosotros mismos.
Llamar a la empatía en un estado de reconocimiento de amor, de los fundamentos básicos que en teoría rigen a la mayoría.
Empaticemos pues, reconociendo nuestra vulnerabilidad, empaticemos desde nuestra debilidad. Hermanemos, ayudemos, solidaricemos; seamos hermanos de los tiempos, vencedores de los retos. Humanos, conscientes, cercanos. Ya no más maquinas del tiempo acelerado.
Llamemos a la empatía, a ser discurso, no entropía, a ser canal, diálogo… armonía.
Llamar a la empatía, silenciar, escuchar y aprender a estrechar; nuestras manos, sentidos y discursos en abrazos más constructivos, en lazos, en puentes, oportunidades, referentes, en verdaderas vertientes de interés por los demás…
signos que nos vuelvan a humanizar.
Ex futbolista oculto en el desarrollo de tecnología. Chilango, nostálgico, garnachero y con cierto afán poético, reflexivo y amiguero.
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