
El siguiente, es uno de los textos que conformaron la columna “El Diario del Gato”, en El Jalisciense, a cargo del valedor Juan Manuel.

“Arde la calle al sol del poniente”, dijera Juan Perro. Mis camisas cuelgan en la ventana mecidas por el viento, a falta de un tendedero decente. Digo una canción sobre los perennes anhelos y el ruido de fondo de la tribu con su vida siempre tan igual. Pienso en una soprano cantando un aria de Rusalka, y por supuesto en las sirenas y el lejano mar. Veo por la ventana poniente un rebaño de nubes de un gris inquietante y suena un trueno. En la calle Poniente 26 hay un auto con el estéreo escandaloso en canciones de José José. Voces de mujeres llaman mi curiosidad, pero prefiero seguir escribiendo, y esperar pacientemente para que no me gane la desesperación que me lleve a otra tontería. Los mensajes me dicen que persevere. Y ya que no hay otra situación límite, creo poder darme el lujo de un poco de ocio después de haber desperdiciado la libertad en fruslerías.
Con el anochecer la luz cambia y la quietud silenciosa de asfalto caliente se desvanece. La gente sale a comprar la cena en las diversas tiendas de abarrotes, en el expendio de pan, en las taquerías callejeras, en el local amistoso de tortas y hamburguesas o bajo la luz algo mortecina de un foco de 100 whatts del comal de antojitos de masa frita. Se escucha la repetitiva música de un promocional que provoca a consumir pizzas y papas fritas, pero más que convencer, produce dolor de cabeza por lo alto del volumen y la monotonía de su locutor. Me refugio entrecerrando la ventana, sintonizando Radio Educación para escuchar diálogos que alimentan mi solitaria consciencia y música de casi todo el mundo para compadecer mis sedientos oídos. No prendo la luz de mi cuarto para dejar que mi cerebro ande a gusto en el espacio tiempo, en las calles de la memoria y la imaginación. Ya no me obsesionan los viejos recuerdos que como casi siempre espero. Busco apacible la respiración original; busco el silencio imposible que guarda el corazón de este mundo, a través del insomnio de la madrugada. Los ojos abiertos descifrando los pliegues de la penumbra, descifrando el secreto de la sombra detrás de la negra noche. Trato de hallar los elementos que traspasan y nos llevan en vilo hacia el otro lado, hacia el otro sueño, a la otra aventura; esa donde las letras vienen bajando para ponerse en el oído: reino de susurros, de inquietantes murmullos que pararán en la hoja, tarde o temprano. Así, entonces duermo para olvidar que todo es sueño.
Capitán Gato. Músico, poeta y lo demás. Nacido en el mítico Distrito federal, actualmente exiliado en Neza. Fundador del Diario del Gato, en el Jalisciense. Actualmente, flautista solitario en el jardín Pushkin.
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