
Frente a la Secretaría de Gobernación encontramos a un personaje legendario, con tantas historias como vida ha tenido, que abre su corazón a todo el que está dispuesto a escucharlo.

Don Miguel García Paredes lleva más de sesenta años trabajando como bolero en Bucareli, frente al reloj chino. Ahí mismo tiene su casa, en donde pasa la mayor parte del día. Este foto-texto de la valedora Hadassha es una manera de rendirle homenaje a don Miguel y, de paso, a todos los personajes de las calles de la Ciudad de México que son ejemplo de supervivencia y alegría a prueba de todo.
–Isabel Zapata, Ediciones Antílope
Su nombre es Miguel García Paredes, trabaja enfrente de la Secretaría de Gobernación desde hace sesenta y un años. Nació el 14 de abril de 1938, se casó y enviudó algunas veces. Su vicio es trabajar. Es bondadoso, tierno y amable, y siempre recita como si fuera un dicho: “Cuando me vaya para Venecia, adiós Lucrecia”, aunque en realidad es una canción de Pedro Infante.
Se crió en la calle desde los cinco años. Nunca ha tenido un hogar. Nació en Actopan, Hidalgo, pero abandonó a sus padres de corta edad porque no lo podían mantener. Nunca recibió ayuda de ellos, y cuando un día fue a ver a su papá, le dijo: “Yo vengo a saludarlo como a un amigo, ¿por qué llora usted?”. Dice que no lo ve como a su padre porque “teníamos casa, pero nunca se preocupó por darnos escuela ni de comer”.
Sus hermanos murieron. Sus hijos se murieron; nacieron amarillos y no se lograron. Su esposa murió de un derrame cerebral. El bolero quería encontrar la muerte en el alcohol, se quiso envenenar, se tiraba bien borracho en las calles para ver si un carro lo mataba… Dice que se siente solo, mas sabe que no está solo porque Dios está con él.
Tuvo otra compañera que era como su mamá; se cayó de un autobús y también murió. Julia Fernández se llamaba. Otra vez se quiso envenenar, embruteciéndose para acabar con su vida, pero encontró una planta y le puso mucha agua porque estaba muy seca, casi muerta. La planta revivió y pensó: “Asimismo, yo también. La planta vida me compartió. Gracias a Dios, a mí también me revivió”.
Ahí mismo donde trabaja tiene una pequeña casita que parece como una cabina de tráiler, pintada de color blanco, bien sellada, bien asegurada. Aquí no pasa nada, con su puertita y su ventanita sobre ruedas, con cadena y candado, atada al barandal que está a un lado de nuestra oficina de Mi Valedor. Está acondicionada con luz eléctrica. Solo cabe una persona. A un lado está su silla y su cajón para bolear. Lo que más le gusta es que está seguro y sobrevive, aunque los vecinos le dicen que se vaya. Pero él aquí quiere vivir y trabajar.
Hadassha Fragoso (1959, Tepito, México D.F.)
Thanks god from D.F. Tepiteña y a mucha honra. Amo escribir, cantar, comer, la Danza Guerrera, el deporte, ser valedora y viajar con las alas del éxito para aterrizar en la inmensidad de la victoria siempre.
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